DiverXO

Hoy os voy a hablar sobre el restaurante DiverXO, pero no quiero hacer una crítica gastronómica, que hay mucha gente, mucho más preparada que yo que han escrito unos artículos maravillosos. Aunque ya hace tiempo que estuvimos, no había escrito nada por este motivo, pero el otro día estábamos un buen amigo y yo hablando sobre un sitio que nos sorprendió, porque inesperadamente bajó su calidad, y terminamos hablando de lo difícil que es mantener siempre el mismo nivel, y tratando de analizar en donde está el secreto.

Ese secreto está, en mi opinión, en los detalles. En controlar que esté todo perfecto en todo momento. Desde el momento en que se reserva, hasta que se sale por la puerta. Y todo el mundo es responsable, desde el equipo de sala, al de cocina, hasta el que coge el teléfono (si es una persona distinta). Por ejemplo, una anécdota. Tuvimos la suerte (porque así pudimos ver cómo funciona realmente el equipo de sala) de que uno de los platos vino de la cocina sin quitar un pequeño film necesario para su preparación. Es cierto, es un error, y a este nivel, estas cosas no deberían pasar, y normalmente termina en desastre: el cliente enfadado y decepcionado. Pero todos somos humanos, y un despiste lo tiene cualquiera. Sin embargo, una vez que ha ocurrido, y que ese plato ha salido a la mesa, hay que saber manejar muy bien la situación. ¡Y qué bien lo hicieron!. El camarero que nos atendía fue el primero en darse cuenta. Sin decirnos nada, le hizo una seña a Ángela que se asomó desde lejos y vio lo que estaba pasando. Nos dejó que termináramos el plato tranquilamente, y después se acercó para hablar con nosotros y pedirnos disculpas, de una manera tal, que muy pocas veces he visto manejar este tipo de situaciones tan bien. Consiguió el efecto contrario, de un posible enfado, a salir más que encantados.

Si en la sala no tienes a gente tan perfeccionista, tan pendiente de todos los detalles, sabiendo en todo momento lo que está pasando, marcando perfectamente los tiempos, con educación pero haciéndote sentir como en casa, al final por algún lado deja de funcionar. Por muy espectacular que sea la cocina, el cliente no sale del todo contento. Es justo lo que nos pasó en Boston en Clio. Como el servicio de sala fue un desastre, salimos con la percepción de que hubiéramos cenado mejor en cualquier otro sitio. Sólo haciendo un ejercicio de abstracción conseguimos darnos cuenta de que realmente cenamos muy bien, de que había platos maravillosos, pero… ¿repetiríamos? ¿lo recomendaríamos? ¿recomendaríamos / repetiríamos DiverXO? Sí, sin ninguna duda, esa es la diferencia.

El secreto está en conseguir que el restaurante sea tu vida, no un medio de vida, y conseguir transmitir ese sentimiento a tus clientes. Esto mismo es lo que vimos en DiverXO, y lo que vemos que le falta a un montón de sitios, entre ellos el que comentaba esa tarde con mi amigo.

Ya para terminar, deciros que las fotos no son mías. Son de DiverXO (con su copyright, por supuesto). ¿Por qué? Sencillamente porque ellos prefieren que no se hagan fotos en el restaurante, y yo lo entiendo entiendo perfectamente. Cuando sale un plato a la mesa, sale en el momento óptimo, temperatura, textura… Si nos ponemos a hacer una foto, el tiempo pasa, nos perdemos la explicación del plato, molestamos con el flash (si lo usamos) al resto del mundo… Contando con que salga bien a la primera…
En otros sitios, la gran mayoría, no dicen nada sobre las fotos, pero tampoco se ofrecen a mandártelas si las necesitas… Otro punto más a su favor.

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